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Antes y después: el baño de Teresa

Muchas veces el impacto visual que produce el ver una foto comparativa de cómo un espacio se encontraba antes de ordenarlo, y su estado tras haber intervenido en él, es tremendo. En una imagen podemos ver cómo el desorden puede afectar a nuestra mente. Con este post abro una línea de publicaciones sobre trabajos que voy haciendo para dar a conocer mejor los resultados que se obtienen al contratar los servicios de un personal organizer.

Cuando Teresa contactó conmigo su principal preocupación era el cuarto de baño. Aunque existían otros focos de desorden en la casa, la acumulación de productos y la disfuncionalidad rompían el equilibrio de un baño en el que la luminosidad es su principal atractivo. Desde que entraba a primera hora para el aseo diario, hasta que se lavaba los dientes antes de acostarse, la visión de los armarios desordenados le generaba mucho estrés.

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

El objetivo principal, por tanto, lo tuve claro desde el primer momento: desechar y reorganizar cambiando ubicaciones, así se podría mantener el orden más fácilmente y ganaríamos en practicidad  y ahorro de tiempo al tener más localizados y accesibles los productos y utensilios de uso diario.

En concreto, los espacios de almacenaje son dos armarios con bastante capacidad: uno de una hoja más estrecho y con baldas de arriba y abajo. Y otro de dos hojas pero con sólo dos baldas y peor aprovechado, pues desde arriba hasta mitad del mismo no tiene ningún soporte.

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

En una sesión de hora y media lo tuvimos resuelto. El primer paso era sacarlo todo e ir desechando y categorizando. Aunque para los productos de baño hay diferentes formas de clasificarlos, una que me resulta muy útil es separados por partes del cuerpo -el maquillaje iría aparte-, porque permite identificar rápidamente qué duplicidades tenemos, qué productos cumplen una misma función y de cuál de ellos se puede prescindir. Y ¡oh sorpresa! había 5 botes de desodorante… -sin palabras-.

Las toallas son capítulo a parte, es curioso como -igual que con los trapos de cocina y los manteles-, tendemos a acumular muchas de ellas. En realidad para el día a día con un par de juegos -toalla de baño, manos y pequeña- por persona es más que suficiente. Ademas se desgastan con el uso y, dependiendo de la calidad, conviene renovarlas con cierta frecuencia, como mínimo entre 6 meses y un año.

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Así que cuando Teresa hubo realizado la limpieza de toallas pertinente, las cambiamos de armario, del más grande al más pequeño, y las pusimos en las baldas dobladas en vertical. Aunque se veía más espacio libre, la sensación de amplitud multiplica la de orden, con lo que conseguíamos uno de los objetivos marcados. En la parte de abajo pusimos los utensilios del pelo, secador, plancha, etc.

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

El otro armario se quedaba entonces para los productos de uso frecuente. Éste se encuentra justo en frente del lavabo, simplemente con girarse y coger lo que necesitan es suficiente, así no hay que rebuscar en las baldas como estaba antes. Ahorran tiempo y les cuesta menos volver a dejarlo en su sitio, con lo que la encimera queda despejada más fácilmente, evitando la acumulación en ella por no saber dónde colocar las cosas que van usando.

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Aunque en un primer momento propuse adquirir unas estanterías para apovechar mejor ese espacio interior del armario, finalmente no fue necesario. Optamos por reutilizar una cajonera de plástico que tenía ropa de una de sus hijas -que ya se le había quedado pequeña, por lo que tenía que deshacerse ella-. La cajonera la pusimos en la primera balda y sirvió además como separador de zonas, una para Teresa y otra para su marido. En la balda pusimos los productos de uso diario: crema desmaquilladora, cremas de día y de noche, afeitado, desodorante etc… Y en los cajones pusimos el resto de cosas de uso no diario: en un cajón las cremas corporales, en otro desechables, y en un tercer cajón los medicamentos. Finamente mantuvimos los zapatos que estaban en la balda de abajo a expensas de cambiar las cajas por otras más practicas.

¡El lavabo quedó totalmente despejado y así de bonito!

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

Antes y después del baño de Teresa, en apenas hora y media

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